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La identidad para la ciudad de Melbourne es luminosa, colorida y distintiva, lejos del habitual carácter institucional aburrido. La flexibilidad de la identidad le permite tener diferentes formas y patrones, en función del soporte donde va aplicada. Un gran ejemplo de marca de ciudad.

Aunque algunos como Peter Singline en su artículo “M for missing the point” piensan que además del detalle de mal gusto de encargarla a una agencia de Sidney, la marca lo dice nada ni representa a Melbourne.

En lo primero, seguro que tiene razón. Muchas veces vemos cómo los proyectos importantes son encargados a agencias y estudios fuera de nuestra ciudad, bien por prestigio bien por intereses publicitarios, y eso no suele sentar bien. Respecto a si representa o no a la ciudad, es un tema muy subjetivo. Empezando por cómo quiere verse representado cada uno.